Devocional

¿Por qué es tan importante que nos rindamos completamente a Dios?

Por 29 marzo, 2019 Sin comentarios

La Palabra de Dios dice: “Por lo tanto, hermanos, os ruego por las miseri­cordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto.” Romanos 12:1 (RVR 1995) “Dios quiere sanarnos y libertarnos. Pero como esto exige una trans­formación completa y la renovación de toda nuestra naturaleza, debemos entregarnos a Él completamente” 15 Nuestro ego se ofende fácilmente, es celoso, enojado, resentido, etc. Dios quiere liberarnos de esas actitudes.

“Nos invita a entregarnos a Él para que pueda cumplir su voluntad en nosotros. A nosotros nos toca decidir si queremos ser libres de la esclavi­tud del pecado para compartir la libertad gloriosa de los hijos de Dios.”

Dios responde a nuestro compromiso inicial dándonos un nuevo naci­miento (Juan 3:1-21). Mantenemos nuestra entrega renovando continua­mente nuestro compromiso (Juan 15:1-17). Hablaremos más acerca de esto en la tercera parte. Morris Venden dice acerca de la entrega de nuestras vidas a Dios: “No hay tal cosa como una entrega parcial. No es posible estar par­cialmente entregados de la misma manera en que no es posible estar un poco embarazada. Se está o no se está. No hay lugar para puntos medios.” 17 Ellen White dijo lo siguiente acerca de la entrega diaria: “Únicamente aquellos que lleguen a ser colaboradores con Cristo, únicamente aquellos que digan: Señor, todo lo que tengo y soy te pertenece, serán reconocidos como hijos e hijas de Dios.” 18

Entonces una persona puede estar dentro de la iglesia y aun así estar perdida. ¡Qué trágico! La parábola de las diez vírgenes y el mensaje a la iglesia de Laodicea también ilustran esta verdad.

¿Por qué es tan difícil identificar el Cristianismo Carnal? Ya que la vida de un cristiano carnal está llena de “religión”, él a menudo no se entera de que le falta algo vital: una relación íntima con Dios que le llevaría a la salvación. Si a Cristo no se le permite gobernar nuestra vida entera, entonces Él se queda en la puerta llamando (Apocalipsis 3:20). En ese mismo capítulo Él dice que si no hay cambio alguno “te vomitaré de mi boca”. Existe también otro factor de por medio: Tenemos fuertes convicciones debido a nuestro fuerte fundamento doctrinal el cual está basado en la Biblia. Al mismo tiempo, debemos permanecer receptivos a más conocimiento. Tenemos la certeza de que creemos en la verdad; eso nos emociona. Tenemos mucho buen conocimiento. Proclamamos la verdad. Esto es lo que hace que sea tan difícil identificar el problema. ¿Será que en realidad he vivido en el Espíritu? Y si no, ¿cómo puedo identificar la diferencia?

Un pastor escribió: “Acabo de recibir una llamada de una hermana que está participando en los 40 días de oración (Se darán detalles acerca de los 40 días de oración en el Capítulo 5). Ella dice que han cambiado su vida. Se había estado preguntando qué era lo que le hacía falta en su vida espiritual y ahora lo había descubierto: El Espíritu Santo. Me hubiera gustado que usted escuchara su testimonio. Ella dijo que por primera vez en su vida tenía una relación con Dios…. Otros también notaron ese cambio en su vida.” 20 Podemos ver que una persona puede darse cuenta de que algo le hace falta, pero sin saber qué es. Muchos anhelan algo más pero no saben qué es o cómo conseguirlo.

Agradezco que en 1 Corintios 3:1-4 se utilicen las palabras “aún” o “todavía” tres veces. “Porque aún sois carnales”. Esto nos muestra que es posible que una persona carnal se vuelva una persona espiritual. Nadie tiene que permanecer carnal. Quien pertenece a la iglesia tiene una buena oportunidad de darse cuenta de esto y de cambiar. Más adelante hablaremos de cómo uno puede volverse espiritual.

Otros aspectos a considerar son la envidia y las contiendas o, como dice la versión Reina Valera 1960, “celos… contiendas y disensiones”. Estos comportamientos dejan ver a Pablo que los miembros de iglesia carnales no están viviendo en el Espíritu de Dios sino que actúan carnalmente – igual que las personas del mundo. Ellos pueden actuar igual que un hombre natural con la diferencia de que tienen una apariencia religiosa. ¿Significa esto que las tensiones dentro de la iglesia se derivan principalmente por la forma carnal de pensar de los miembros de iglesia? (Ver Judas 19). En el tiempo de Jesús, ¿acaso los Fariseos y Saduceos no competían unos con otros? Esto nos muestra que ya en aquellos tiempos existían tensiones entre los conservadores y los liberales. Un grupo era muy particular y el otro se tomaba las cosas a la ligera pero ambos grupos estaban convencidos de que ellos tenían la interpretación de la Biblia y las actitudes correctas. Jesús nos mostró que ambos grupos eran carnales, o sea, no estaban llenos del Espíritu Santo. Lo mismo puede pasar hoy en día. Los cristianos conservadores también pueden ser cristianos carnales.

Desafortunadamente, hoy en día la gente a menudo ve todo con ojos “conservadores” o “liberales”. La ventaja de esto es que el observador siempre queda bien. Sin embargo, con la clasificación bíblica de “carnal o espiritual” nos vemos retados a hacer un inventario espiritual. Debemos hacerlo por nuestro propio bien. Considere lo que Dios dice claramente en Gálatas 6:7-8 RVR 1995: “…Todo lo que el hombre siembre, eso también segará, porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eternal.”

La persona carnal quiere seguir a Jesús y agradarle pero aún no le ha entregado toda su vida, o, si lo ha hecho anteriormente, ha recaído (Gálatas 3:3; Apocalipsis 2:4-5). Esto significa que él, quizá inconsciente­mente, quiere vivir de acuerdo a la voluntad de Dios y de acuerdo a sus propios deseos simultáneamente. Pero esto no funciona. Él determina en última instancia su propia vida. Como dice el dicho alemán, hay dos almas en un solo pecho. ¿Puede Dios enviar a su Espíritu Santo en este caso? Santiago 4:3 RVR 1995 nos da la respuesta: “pedís, pero no recibís, porque pedís mal.” He llegado a la conclusión de que eso significa pedir con una actitud carnal. ¿No estaría Dios aumentando mi ego al responder a esta petición? Al final, este miembro de iglesia vive en base a sus propias fuerzas y habilidades. En Apocalipsis 3:16 esto es llamado ser “tibio” y en Mateo 25 “insensato”.

¿Por qué Jesús llama a los miembr os de iglesia carnales “tibios”? ¿Por qué será que a tantos cristianos les hace falta una experiencia con el Espíritu Santo? Para responder a esta pregunta debemos ver primero el fenómeno de Laodicea. ¿Por qué Jesús llama a los creyentes de la iglesia de Laodicea “tibios”? Él nos da una indicación clara: “Yo estoy a la puerta y llamo.” (Apocalipsis 3:20) Jesús no era el centro de la vida de estos creyentes, sino que estaba afuera. Él estaba a la puerta. ¿Por qué no entraba? Porque no había sido invitado a pasar. Él no entra a la fuerza porque respeta nuestro libre albedrío. ¿Por qué será que los creyentes dejan a Jesús parado frente a la puerta? Hay muchas causas y razones para esto. Algunos sólo se mueven en un plano cognitivo e intelectual en sus vidas espirituales, al igual que el escriba Nicodemo, y no entienden en realidad de qué se trata la vida cristiana (compare con Juan 3:1-10). Para otros el “precio” del discipulado es demasiado alto, tienen que dejar demasiado como el “joven rico” (compare con Mat. 19:16-24). Para seguir a Jesús se necesitan abnegación y la voluntad de cambiar la vida (compare con Mat. 16:24-25) y rendirse por completo a Dios (Romanos 12:1). Pero dejar a Jesús afuera también puede ser causado por pura negligencia: falta de tiempo de comunión con Jesús.

Repito: la razón de la tibieza en Apocalipsis 3:20 es “Yo estoy a la puerta y llamo.” Jesús no era el centro de la vida de estos creyentes, sino que estaba afuera o a un lado. Así que la tibieza tiene que ver con la relación personal con Cristo. Puede que la persona no sea tibia en otras áreas.

Por ejemplo: un hombre puede invertir mucho en su vocación y al mismo tiempo desatender a su esposa. Él está comprometido con su trabajo pero es tibio en su relación matrimonial. Una persona puede ser un miembro de iglesia comprometido, un líder de iglesia, pastor o presi­dente diligente y tener una relación tibia con Cristo. La persona está tan dedicada a completar numerosas tareas, que descuida su relación personal con Cristo. Ésta es la tibieza que Jesús quiere quitar. Es trágico que una persona pueda llegar a estar tan ocupada con la obra de Dios (en la iglesia o en el campo misionero) que descuide al Señor de la obra.

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