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Así se quedó Jacob solo;  y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él,  tocó en el sitio del encaje de su muslo,  y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo: Déjame,  porque raya el alba.  Y Jacob le respondió: No te dejaré,  si no me bendices.” (Génesis 32:24-26)  

“Venció al ángel,  y prevaleció;  lloró,  y le rogó;” (Oseas 12:4)

«Todos los que deseen la bendición de Dios, se aferren de sus promesas y sean tan fervientes y perseverantes como  Jacob,               triunfarán como él.

Hoy se ejerce tan poco la verdadera fe y la de muchos profesos creyentes es tan débil, porque son negligentes en las cosas espirituales. No están dispuestos a esforzarse, a negarse a sí mismos, a agonizar ante el Señor, a orar larga y fervorosamente para obtener las bendiciones, y por eso no las consiguen.

La fe que prevalecerá finalmente durante el tiempo de angustia debe ser puesta en práctica cada día ahora. Los que no hacen esfuerzos vigorosos para ejercer hoy una fe perseverante no estarán preparados para vivir la fe que los capacitará para estar en pie en el día de la prueba». (La Historia de la Redención pág. 101, EW)

 

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