Los internados

Los internados

A

{2JT 434.1}
Los internados de nuestras escuelas han sido establecidos con el fin de que nuestros jóvenes no sean llevados de aquí para allá y expuestos a las malas influencias que abundan por doquiera, sino que, hasta donde sea posible, se les ofrezca la atmósfera de un hogar para que sean puestos a cubierto de las tentaciones conducentes a la inmoralidad y sean guiados a Jesús. La familia del cielo representa lo que debiera ser la familia de la tierra, y los hogares de nuestras escuelas, donde se reúnen jóvenes que buscan una preparación para el servicio de Dios, debieran aproximarse tanto como fuera posible al modelo divino. {2JT 434.2}
Los maestros que están a cargo de estos hogares llevan graves responsabilidades, pues tienen que hacer las veces de padres y madres, demostrando, lo mismo para uno que para todos los alumnos, un interés semejante al que los padres demuestran por sus hijos. Los diversos elementos del carácter de los jóvenes con quienes tienen que tratar les imponen muchas cargas pesadas y necesitan mucho tacto y paciencia para inclinar en la dirección debida las inteligencias que han sido desviadas por la mala enseñanza. Los maestros necesitan gran capacidad directiva; deben ser fieles a los principios, y sin embargo, prudentes y benignos, uniendo la disciplina al amor y a la simpatía propia de Cristo. Debieran ser hombres y mujeres de fe, sabiduría y oración. No debieran manifestar una dignidad severa e inflexible, sino mezclarse con los jóvenes e identificarse con ellos en sus gozos y tristezas, como también en la diaria rutina del trabajo. Por lo general, una obediencia alegre y amante será el fruto de tal esfuerzo. {2JT 434.3}
Deberes domésticos
La educación que los jóvenes de uno y otro sexo que asisten a nuestros colegios debieran recibir en la vida doméstica, merece especial atención. En la tarea de edificar el carácter, es de gran importancia que se enseñe a los alumnos que asisten a nuestros colegios a hacer el trabajo que se les asigna y librarse de toda tendencia a la pereza. Han de familiarizarse con los deberes de la vida diaria. Se les debiera enseñar a cumplir bien y esmeradamente sus deberes domésticos, con el menor ruido y confusión posible. Todo debiera hacerse decentemente y con orden. La cocina y cualquier otra parte de la casa debe tenerse barrida y limpia. Los libros debieran poder guardarse hasta el momento debido y los estudios no debieran ser más que los que sea posible atender sin descuidar los deberes domésticos. El estudio de los libros no debiera absorber la mente con descuido de las obligaciones del hogar, de las cuales depende la comodidad de la familia. {2JT 435.1}
En el cumplimiento de estos deberes debieran vencerse los hábitos de indiferencia, incuria y desorden; porque, a menos que se corrijan, esos hábitos serán introducidos en toda fase de la vida y ésta verá arruinada su utilidad para la verdadera obra misionera. Si no se corrigen con perseverancia y resolución, vencerán al estudiante para el presente y para la eternidad. Se ha de estimular a los jóvenes a formar hábitos correctos de vestir, de modo que su apariencia sea aseada y atractiva; se les ha de enseñar a conservar sus vestidos limpios y cuidadosamente remendados. Todas sus costumbres debieran ser de tal carácter que hagan de ellos una ayuda y un alivio para otros. {2JT 435.2}
Se dieron a los ejércitos de los hijos de Israel instrucciones especiales para que, en sus tiendas y alrededor de ellas, todo estuviese limpio y en orden, no fuese que el ángel de Dios pasase por medio de su campamento y viese sus inmundicias. ¿Era el Señor tan meticuloso que reparara en estas cosas? Sí, pues se declara que si hubiese de ver sus inmundicias no podría salir con sus ejércitos a la batalla contra sus enemigos. Asimismo todas nuestras acciones son notadas por Dios. Aquel Dios que tuvo tanto cuidado de que los hijos de Israel adquiriesen hábitos de limpieza, no sancionará hoy impureza alguna en el hogar. {2JT 436.1}
Dios confió a los padres y maestros la tarea de educar a los niños y jóvenes en estas direcciones, y de cada acto de la vida se les puede enseñar lecciones espirituales. Al inculcarles hábitos de limpieza física, debemos enseñarles que Dios quiere que sean limpios tanto en su corazón como en su cuerpo. Al barrer una habitación pueden aprender cómo el Señor purifica el corazón. No les bastaría cerrar puertas y ventanas después de poner en la pieza alguna substancia purificadora, sino que abrirían las puertas y las ventanas de par en par y con esfuerzo diligente eliminarían todo el polvo. Del mismo modo las ventanas de los impulsos y sentimientos han de abrirse hacia el cielo y se debe expulsar el polvo del egoísmo y de la vanidad mundana. La gracia de Dios ha de barrer las cámaras de la mente y todo elemento de la naturaleza ha de ser purificado y vitalizado por el Espíritu de Dios. El desorden y el desaliño en los deberes diarios llevarán al olvido de Dios y a observar una forma de piedad en la profesión de la fe, pero sin la realidad de ella. Tenemos que velar y orar; de otra suerte estaremos asiéndonos de la sombra y perderemos la substancia. {2JT 436.2}
Como hebras de oro, una fe viva debe entretejerse con la experiencia cotidiana en el cumplimiento de las pequeñas obligaciones. Entonces los estudiantes serán inducidos a comprender los principios puros que según lo ha dispuesto Dios, han de motivar cada acto de sus vidas. Entonces todo el trabajo diario será de tal carácter que promueva el crecimiento cristiano. Entonces los principios vitales de la fe, la confianza y el amor hacia Jesús penetrarán hasta en los detalles más ínfimos de la vida diaria. Se contemplará a Jesús y el amor hacia él constituirá el móvil continuo que dé fuerza vital a cada obligación asumida. Habrá porfía por la justicia y una esperanza que “no avergüenza.” Romanos 5:5. Todo lo que se haga se hará para gloria de Dios. {2JT 437.1}
A cada estudiante del internado le digo: Sea fiel a las obligaciones domésticas. Sea fiel en el cumplimiento de las pequeñas responsabilidades. Sea en realidad un cristiano lleno de vida en el hogar. Gobiernen los principios cristianos su corazón y fiscalicen su conducta. Preste atención a toda sugestión dada por el maestro; pero obre de modo que no sea necesario decirle siempre lo que tiene que hacer. Discierna las cosas por sí mismo. Vea Vd. mismo si en su habitación todas las cosas están limpias y en orden; procure que nada de lo que haya en ella ofenda a Dios, sino que cuando los ángeles santos pasen por su pieza se sientan movidos a detenerse, atraídos por el orden y la limpieza que hay en ella. Cumpliendo sus deberes con buena voluntad, con esmero y fidelidad, obra como misionero. Testifica por Cristo. Demuestra que la religión de Cristo no le hace, ni en principios ni en práctica, desaliñado, ordinario, irrespetuoso para con sus maestros al punto de prestar poca atención a su consejo e instrucción. Si práctica la religión de la Biblia, ella le hará bondadoso, reflexivo, fiel. Le inducirá a no descuidar las cosas pequeñas que deben hacerse. Adopte por lema las palabras de Cristo: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel.” Lucas 16:10{2JT 437.2}
El pueblo de Dios no cultiva bastante la sociabilidad cristiana. Esta rama de la educación no debe descuidarse ni perderse de vista en nuestras escuelas. {2JT 438.1}
La sociabilidad y cortesía cristianas
Se debe enseñar a los alumnos que no son átomos independientes, sino que cada uno es una hebra de hilo que ha de unirse con otras para completar una tela. En ningún departamento puede darse esta instrucción con más eficacia que en el internado escolar. Es allí donde los estudiantes están rodeados diariamente de oportunidades que, si las aprovechan, les ayudarán en gran manera a desarrollar los rasgos sociales de su carácter. Pueden aprovechar de tal modo su tiempo y sus oportunidades que logren desarrollar un carácter que los hará felices y útiles. Los que se encierran en sí mismos y no están dispuestos a prestarse para beneficiar a otros mediante amigable compañerismo, pierden muchas bendiciones; porque merced al trato mutuo el entendimiento se pule y refina; por el trato social se formalizan relaciones y amistades que acaban en una unidad de corazón y en una atmósfera de amor agradables a la vista del cielo. {2JT 438.2}
Especialmente aquellos que han gustado el amor de Cristo debieran desarrollar sus facultades sociales; pues de esta manera pueden ganar almas para el Salvador. Cristo no debiera ser ocultado en sus corazones, encerrado como tesoro codiciado, sagrado y dulce, que sólo ha de ser gozado por ellos; ni tampoco debieran ellos manifestar el amor de Cristo sólo hacia aquellos que les son más simpáticos. Se debe enseñar a los alumnos la manera de demostrar, como Cristo, un amable interés y una disposición sociable para con aquellos que se hallan en la mayor necesidad, aun cuando los tales no sean sus compañeros preferidos. En todo momento y en todas partes, manifestó Jesús amante interés en la familia humana y esparció en derredor suyo la luz de una piedad alegre. Se debe enseñar a los estudiantes a seguir sus pisadas. Se les ha de enseñar a manifestar interés cristiano, simpatía y amor hacia sus compañeros jóvenes y a empeñarse en atraerlos a Jesús; Cristo debiera ser en sus corazones como un manantial de agua que brote para vida eterna, que refresque a todos aquellos con quienes tratan. {2JT 438.3}
Es este ministerio voluntario y amante prestado a otros en momentos de necesidad el que Dios aprecia. De esta manera, aun mientras asisten a la escuela, los alumnos pueden ser, si son fieles a su profesión, misioneros vivos para Dios. Todo esto llevará tiempo; pero el tiempo así empleado es de provecho, porque así aprende el alumno a presentar el cristianismo al mundo. {2JT 439.1}
Cristo no rehusó alternar con otros en trato amistoso. Cuando era invitado a un banquete por un fariseo o un publicano, aceptaba la invitación. En tales ocasiones cada palabra que pronunciaba tenía sabor de vida para sus oyentes; porque hacía de la hora de la comida una ocasión para impartir muchas lecciones preciosas adaptadas a sus necesidades. De este modo Cristo enseñó a sus discípulos cómo debían conducirse cuando se hallasen en compañía tanto de los que no eran religiosos como de los que lo eran. Por su ejemplo, les enseñó que al asistir a alguna reunión pública, su conversación no tenía por qué ser como la que se solía consentir en tales casos. {2JT 439.2}
Si el Señor Jesús habita en el alma de los alumnos cuando éstos se sientan a la mesa, saldrán del tesoro de su corazón palabras puras y elevadoras; si Cristo no habita allí, se hallará en la frivolidad, en las chanzas y en los chistes una satisfacción que estorbará el crecimiento espiritual y causará pesar a los ángeles de Dios. La lengua es un miembro ingobernable; pero no debiera ser así. Se la debe convertir, pues el talento del habla es valiosísimo. Cristo está siempre dispuesto a impartir sus riquezas y nosotros debiéramos adquirir las joyas que proceden de él, a fin de que cuando hablemos esas joyas se desprendan de nuestros labios. {2JT 439.3}
El temperamento, las peculiaridades personales, los hábitos de los cuales se desarrolla el carácter, todo lo que se práctica en el hogar, se revelará de por sí en todas las relaciones de la vida. Las inclinaciones seguidas culminarán en pensamientos, palabras y acciones del mismo carácter. Si cada alumno de los que componen la familia escolar se esforzara por reprimir toda palabra adusta y descortés y por hablar a todos con respeto; si tuviera presente que se está preparando para ser miembro de la familia celestial; si protegiera su influencia por medio de sagrados centinelas de modo que no apartase a nadie de Cristo; si se esforzara para que cada acto de su vida hiciese públicas las alabanzas de Aquel que lo ha llamado de las tinieblas a su luz admirable, ¡qué influencia reformadora provendría de cada hogar escolar! {2JT 440.1}
Ejercicios religiosos
De todas las fases de la educación que se ha de impartir en los hogares de nuestras escuelas, los ejercicios religiosos constituyen la más importante. Debe considerárselos con la mayor solemnidad y reverencia, si bien se les ha de añadir hasta donde sea posible todo aquello que los haga agradables. No se los debe prolongar al extremo de que se vuelvan tediosos, por cuanto la impresión hecha así en la mente de los jóvenes les haría asociar la religión con todo lo que es árido y desprovisto de interés; e induciría a decidirse por el partido del enemigo a muchos que, si fuesen debidamente enseñados, llegarían a beneficiar al mundo y a la iglesia. {2JT 440.2}
A menos que sean sabiamente dispuestos y vitalizados, además, por el Espíritu Santo, las reuniones del sábado, el culto de la mañana y de la tarde en el hogar y en la capilla llegarán a ser los ejercicios más formalistas, desagradables, faltos de atracción, y, para los jóvenes, los más incómodos de todos los ejercicios escolares. Las reuniones de testimonios y todos los demás cultos religiosos debieran proyectarse y dirigirse de tal modo que no sólo sean provechosos sino a tal punto agradables que sean positivamente atrayentes. El orar juntos ligará los corazones con Dios por medio de lazos que perdurarán; el confesar a Cristo franca y valientemente, mostrando en nuestro carácter su mansedumbre, humildad y amor, encantará a otros con la belleza de la santidad. {2JT 440.3}
En todas estas ocasiones debiera ensalzarse a Cristo como “el más señalado entre diez mil,” como Aquel que “es del todo amable.” Cantares 5:10, 16 (VM). Debiera presentársele como la Fuente de todo verdadero placer y satisfacción, como el Dador de toda dádiva buena y perfecta, como el Autor de toda bendición, como Aquel en quien están concentradas todas nuestras esperanzas de vida eterna. Aparezcan en todo ejercicio religioso el amor de Dios y el gozo de la experiencia cristiana en su verdadera belleza. Preséntese al Salvador como el que restaura de todo efecto del pecado. {2JT 441.1}
Para lograr este resultado debe evitarse toda mezquindad. Se necesitará devoción sincera, ferviente y cordial. Será esencial que haya en los maestros piedad ardiente y activa. Pero hay poder para nosotros si queremos tenerlo. Hay gracia para nosotros si queremos apreciarla. Para sernos dado, el Espíritu Santo aguarda tan sólo que lo pidamos con un ardor de propósito proporcional al valor del objeto que perseguimos. Los ángeles del cielo están tomando nota de toda nuestra obra y observando para ver cómo ministrar a cada uno de modo que todos reflejen la imagen de Cristo en el carácter y se amolden a la similitud divina. Cuando los encargados de los hogares de nuestras escuelas aprecien los privilegios y las oportunidades que tienen, harán para Dios una obra que el cielo aprobará. {2JT 441.2}
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