Devocional

La administración de las escuelas

By 11 octubre, 2018 No Comments
Desearía tener tal dominio del lenguaje que pudiese expresar claramente la importancia de la debida administración de nuestras escuelas. Todos debieran considerar que nuestras escuelas son los medios por los cuales el Señor quiere darse a conocer. Por doquiera se necesitan hombres y mujeres que hagan las veces de conductos de luz. La verdad de Dios tiene que ser llevada a todos los países, a fin de que los hombres sean iluminados por ella. {2JT 465.1}
Por ser el pueblo que tiene más luz, debiéramos idear medios por los cuales formar un ejército de misioneros educados que ingresen en los diferentes departamentos de la obra de Dios. Necesitamos jóvenes de uno y otro sexo, bien disciplinados y adelantados, en nuestras escuelas y nuestros sanatorios, en la obra misionera médica y las casas de publicación, en las asociaciones de los diversos estados y en el campo en general. Necesitamos jóvenes de uno y otro sexo que por tener alta cultura intelectual sean idóneos para hacer la mejor obra para el Señor. Hemos hecho algo en el sentido de alcanzar esta norma, pero aun estamos muy por debajo de lo que el Señor ha indicado. Como iglesia y como individuos, si queremos estar sin culpa en el juicio, debemos hacer esfuerzos más liberales para la educación de nuestra juventud, a fin de que esté mejor preparada para los diversos ramos de la gran obra confiada a nuestras manos. Como pueblo que tiene gran luz, debiéramos hacer planes sabios a fin de que las ingeniosas inteligencias de los que poseen talento se fortalezcan, disciplinen y pulan y así la obra de Cristo no sea estorbada por falta de obreros expertos que hagan su trabajo con fervor y fidelidad. {2JT 465.2}
Algunos se contentarían con dar una educación acabada a unos cuantos de los jóvenes más promisorios que tenemos; pero todos nuestros jóvenes necesitan educarse a fin de estar preparados para ser útiles en esta vida, capacitados para ocupar puestos de responsabilidad tanto en la vida privada como en la pública. Hay gran necesidad de planes para proveer gran número de obreros competentes, y muchos debieran prepararse para ser maestros, a fin de que otros puedan ser adiestrados y disciplinados para la gran obra futura. La iglesia debe considerar la situación y por su influencia y sus recursos tratar de alcanzar este tan deseado fin. {2JT 465.3}
Libres de deudas
A fin de que nuestras escuelas cumplan noblemente el propósito para el cual fueron establecidas, debieran estar libres de deudas. No se las debiera dejar llevar la carga de pagar intereses. Al establecer escuelas destinadas a preparar obreros, especialmente en campos nuevos donde los hermanos son pocos y sus recursos limitados, en vez de retardar la obra, sería mejor subscribir préstamos entre los partidarios de la empresa; pero siempre que sea posible hacerlo, nuestras instituciones deben dedicarse libres de deudas. {2JT 466.1}
El Señor tiene en las manos de sus dispensadores medios para su obra, y mientras nuestras escuelas mantengan deudas contraídas en su establecimiento, en la erección de los edificios y en la provisión de las facilidades necesarias, es nuestro deber presentar el caso a nuestros hermanos y pedirles que reduzcan dichas deudas. Nuestros ministros debieran sentir una responsabilidad por esta obra. Debieran estimular a todos a trabajar armoniosamente y a ayudar en proporción con su capacidad. Si esta tarea hubiese sido emprendida con fidelidad y diligencia en lo pasado, las deudas que pesan sobre nuestras escuelas más antiguas podrían haberse cancelado hace mucho. {2JT 466.2}
En la erección de edificios escolares, en su equipo y en cada pormenor de su administración, debe practicarse la más estricta economía. Nuestras escuelas no deben dirigirse con sujeción a planes estrechos o egoístas. Tienen que ser tan semejantes al hogar como sea posible y en cada detalle deben enseñar lecciones correctas de sencillez, utilidad, parsimonia y economía. {2JT 466.3}
Los alumnos están en nuestras escuelas para recibir una preparación especial y familiarizarse con todos los ramos de trabajo, de modo que si tuviesen que ir como misioneros pudieran valerse a sí mismos y ser aptos, merced a sus perfeccionadas aptitudes, para proporcionarse las comodidades y facilidades necesarias. Sean hombres o mujeres, deben aprender a remendar, lavar y tener en orden su ropa. Deben ser capaces de hacerse la comida. Deben familiarizarse con la agricultura y con los trabajos de mecánica. De este modo pueden reducir sus gastos y por su ejemplo inculcar principios de parsimonia y economía. Estas lecciones pueden enseñarse mejor donde se práctica concienzudamente el ahorro en todas las cosas. {2JT 467.1}
No sólo a causa del bienestar financiero de las escuelas, sino también como educación para los alumnos, debiera estudiarse fielmente la economía y aplicársela concienzuda y diligentemente. Los administradores deben vigilar cuidadosamente cada detalle a fin de que no haya gastos innecesarios que acarreen deudas a la escuela. Todo alumno que ame a Dios por sobre todas las cosas ayudará a llevar la responsabilidad en este asunto. Los que han sido enseñados a proceder así podrán demostrar por precepto y ejemplo a aquellos con quienes se pongan en contacto los principios enseñados por nuestro abnegado Redentor. La complacencia propia es un mal grande y debe ser dominado. {2JT 467.2}
Algunos prefieren que los alumnos no conozcan la situación financiera apremiante de las escuelas. Pero será muchísimo mejor que vean y comprendan nuestra falta de recursos, porque así podrán ayudar en la práctica de la economía. Muchos de los que concurren a nuestras escuelas provienen de hogares sin lujo alguno, donde se acostumbraron a comer alimentos sencillos con prescindencia de muchos platos. ¿Qué influencia tendrá nuestro ejemplo sobre éstos? Enseñémosles que mientras tenemos tantos modos de emplear nuestros recursos y miles se hallan sumidos en la mayor miseria, muriendo a causa de plagas, hambre, derramamiento de sangre y fuego, es propio que cada uno piense cuidadosamente y no adquiera cosas innecesarias sólo con el fin de satisfacer el apetito o el deseo de aparentar. {2JT 467.3}
Si nuestras escuelas son dirigidas como es debido, las deudas no se amontonarán y hasta podrán los alumnos gozar de comodidad y la mesa surtirse de alimento abundante, bueno y substancioso. Jamás debe el deseo de ahorrar inducirnos a proporcionar comidas escasas. Los alumnos deben tener abundancia de alimentos saludables. Pero los que estén encargados de cocinar deben saber recoger los fragmentos para que nada se pierda. {2JT 468.1}
Se debiera enseñar a los alumnos a proteger cuidadosamente las cosas que les pertenecen como también las de la escuela. Se les debiera inculcar la obligación de evitar cualquier gasto innecesario, tanto en la escuela como cuando van y vienen de sus casas. La abnegación es esencial. Debemos dar oídos a la instrucción recibida, porque nos estamos acercando al fin del tiempo. Cada vez más estaremos obligados a hacer planes para economizar. No podemos administrar las cosas como si tuviésemos un banco de donde sacar en caso de emergencia; por lo tanto, no debemos meternos en apreturas. Como individuos y como administradores de las instituciones del Señor tenemos necesariamente que suprimir todo lo que tenga carácter ostensivo y ajustar nuestros gastos dentro del estrecho círculo de nuestros ingresos. {2JT 468.2}
La buena administración
En algunas de nuestras escuelas, la administración financiera puede mejorar mucho. Debe aplicarse a la obra más prudencia y reflexión. Deben introducirse métodos prácticos para detener el aumento de los gastos, los cuales llevarían a la deuda. En Battle Creek y College View se ha gastado en general demasiado dinero en construcciones y más de lo que era necesario en amueblar los internados. {2JT 468.3}
Cuando los administradores de una escuela encuentran que ésta no produce para cubrir sus gastos y las deudas se acumulan, deben proceder como serenos hombres de negocios y cambiar sus métodos y planes. Cuando un año ha demostrado que la administración financiera ha sido desacertada, hágase oír la voz de la prudencia. Haya entonces una reforma resuelta. Los maestros pueden manifestar una dignidad propia de Cristo al trazar e idear serios y sólidos planes para mejorar el estado de cosas. Deben apoyar de todo corazón los planes de los administradores y compartir sus cargas. {2JT 469.1}
Tarifas demasiado bajas
En algunas de nuestras escuelas las tarifas de la enseñanza han sido demasiado bajas. Esto ha sido, en muchos sentidos, perjudicial para la obra educacional. Ha ocasionado deudas desalentadoras; ha arrojado sobre la administración la constante sospecha de malos cálculos, falta de economía y planes desacertados; ha sido muy desalentador para los maestros e induce a exigir precios proporcionalmente bajos en otras escuelas. Cualquiera que haya sido el propósito al establecer la tarifa de la enseñanza en una suma menor que el mantenimiento, el hecho de que una escuela se haya endeudado mucho constituye razón suficiente para reconsiderar los planes y fijar los precios de modo que en lo futuro las cosas vayan mejor. La cantidad cobrada por la enseñanza, pensión y residencia debiera bastar para el pago de los sueldos del personal docente, para surtir la mesa con abundancia de alimentos saludables y nutritivos, para conservar el moblaje de las habitaciones, para conservar reparado el edificio y hacer frente a otros gastos corrientes que sean necesarios. Este es un asunto importante y no demanda un cálculo estrecho sino una investigación consumada. Se necesita el consejo del Señor. La escuela debiera tener ingresos suficientes no sólo para pagar los gastos corrientes que son necesarios, sino también para proporcionar a los alumnos durante el curso escolar algunas cosas esenciales para su trabajo. {2JT 469.2}
No se deben dejar acumular las deudas año tras año. La clase de educación más alta que pueda darse es la consistente en evitar las deudas tanto como se evitaría la enfermedad. Cuando pasa un año tras otro y no hay señales de que la deuda disminuya, sino más bien de que aumente, debe hacerse un alto. Digan los administradores: “Nos negamos a dirigir la escuela por más tiempo a no ser que se idee algún sistema seguro.” Será mejor, sí, mucho mejor, cerrar la escuela hasta que los administradores aprendan la ciencia de hacerla marchar sobre bases de solvencia. Por causa de Cristo, como pueblo escogido de Dios, dedicaos a la tarea de establecer un sólido sistema financiero en nuestras escuelas. {2JT 470.1}
Siempre que sea necesario elevar las tarifas en alguna escuela, sométase primeramente el asunto a los patrocinadores de la institución, mostrándoles que los precios han sido fijados demasiado bajos y que, como resultado, las deudas se acumulan sobre la escuela y estorban la obra. El aumentar debidamente los precios de enseñanza disminuirá posiblemente la asistencia; pero una gran asistencia no debiera causar tanto regocijo como el estar libres de deuda. {2JT 470.2}
Uno de los resultados de los bajos precios de enseñanza que regían en Battle Creek ha sido la reunión en un solo sitio de un mayor número de estudiantes y de familias que el aconsejado por la prudencia. Si los dos tercios de las personas de Battle Creek fueran plantas del Señor en otras localidades, tendrían lugar para crecer. Se habrían visto mayores resultados si una parte del tiempo y de la energía que se dedicó a conservar en buenas condiciones higiénicas la gran escuela de Battle Creek se hubiese empleado en escuelas de otras localidades donde hay sitio para ocupaciones agrícolas que podrían fomentarse como una parte de la educación. Si hubiese habido voluntad para seguir los caminos del Señor y sus planes, muchos establecimientos estarían ahora creciendo en otros lugares. {2JT 470.3}
Vez tras vez nos ha llegado la palabra del Señor diciéndonos que debieran levantarse capillas y escuelas en otras localidades, que había ya excesivas responsabilidades en un solo lugar. La instrucción dada es: Salga la gente de los grandes centros y establezca intereses en otros lugares. Si se hubiese prestado oído a esta instrucción, si hubiese habido una distribución de medios y facilidades, el dinero empleado en los edificios adicionales del colegio de Battle Creek hubiera servido con abundancia para dos nuevos edificios en otras localidades y el árbol hubiera crecido y llevado fruto en forma que no ha sido posible porque los hombres prefirieron seguir su propia sabiduría. {2JT 471.1}
Nuestros hermanos dicen que de parte de pastores y padres llegan indicaciones suplicantes de que veintenas de jóvenes de nuestras filas necesitan los beneficios de nuestras escuelas preparatorias y no pueden asistir a menos que sea baja la tarifa de la enseñanza. Pero aquellos que abogan por precios reducidos debieran pesar el asunto con cuidado en todas sus fases. Si los alumnos no pueden disponer por sí mismos de medios suficientes para pagar los gastos reales de un buen trabajo para su educación, ¿no es mejor que sus padres, sus amigos, las iglesias a que pertenecen o hermanos generosos de su asociación les ayuden en vez de dejar pesar una deuda sobre la escuela? Será mucho mejor que los muchos clientes de la institución compartan los gastos y no que la escuela funcione con deudas. {2JT 471.2}
Se han de idear métodos para impedir la acumulación de deudas sobre nuestras instituciones. No debe hacerse sufrir a la causa entera por deudas que no se cancelarán a menos que haya un cambio completo y la obra se rija por principios diferentes. Que todos los que han tenido una parte en atraer sobre sí esta nube de deudas, sientan ahora que es su deber hacer todo cuanto puedan para hacerla desaparecer. {2JT 471.3}
Las iglesias de diferentes localidades deben sentir que pesa sobre ellas una solemne responsabilidad en cuanto a preparar jóvenes y educar talentos que se ocupen en obra misionera. Cuando vean que hay en la iglesia quienes dan promesa de ser obreros de provecho, pero que no pueden por sí mismos sufragar sus gastos escolares, deben asumir la responsabilidad de enviarlos a alguna de nuestras escuelas preparatorias. Existen en las iglesias excelentes aptitudes que es necesario poner en servicio. Hay personas que prestarían buen servicio en la viña del Señor; pero muchas son demasiado pobres para obtener, sin ayuda, la educación que necesitan. Las iglesias debieran considerar un privilegio el contribuir a costear los gastos de tales personas. {2JT 472.1}
Aquellos que tienen la verdad en su corazón son siempre generosos y ayudan donde es necesario. Ellos empiezan y otros imitan su ejemplo. Si hay quienes debieran gozar de los beneficios de la escuela pero no pueden pagar el precio completo de la enseñanza, manifiesten las iglesias su liberalidad ayudándoles. {2JT 472.2}
Aparte de esto, en cada asociación debiera formarse un fondo para hacer préstamos a estudiantes pobres pero meritorios que desean entregarse a la obra misionera, y en algunos casos debieran éstos también recibir donativos. Cuando empezó a funcionar el colegio de Battle Creek, había un fondo en la Review and Herald en beneficio de los que querían obtener una educación pero que carecían de recursos. Varios estudiantes se valieron de tal fondo hasta haber logrado un buen comienzo; luego, con sus ingresos reponían lo utilizado a fin de que otros fuesen beneficiados por dicho dinero. Los jóvenes han de comprender claramente que tienen que abrirse camino por sí mismos hasta donde sea posible y costear así parcialmente sus gastos. Lo que poco cuesta será tenido en poco; pero todo aquello por lo cual se pague un precio que se aproxime a su verdadero valor, será apreciado en proporción. {2JT 472.3}
Por precepto y ejemplo enseñad la abnegación, la economía, la generosidad y la dependencia propia. Todo aquel que posea un carácter firme estará capacitado para hacer frente a las dificultades y pronto para seguir un “Así dice Jehová.” Los hombres no están preparados para comprender su obligación para con Dios hasta no haber aprendido en la escuela de Cristo a llevar su yugo de restricción y obediencia. El sacrificio es el comienzo mismo de nuestra obra de hacer progresar la verdad y de establecer instituciones. Es una parte esencial de la educación. El sacrificio debe llegar a ser habitual en toda la formación de nuestro carácter en esta vida si queremos tener un edificio no hecho con manos, eterno, en los cielos. {2JT 472.4}
Las ideas erróneas relativas al uso del dinero exponen a los jóvenes a muchos peligros. No se les debe sostener y suministrarles dinero como si hubiese una provisión inagotable de la cual pueden sacar para satisfacer cualquier necesidad imaginaria. Se ha de considerar al dinero como un don que Dios nos ha confiado para llevar a cabo su obra, para establecer su reino, y los jóvenes deben aprender a poner freno a sus deseos. Enseñad que nadie corrompa sus facultades por la complacencia y satisfacción propia. Aquellos a quienes Dios ha dotado de aptitudes para obtener recursos tienen para con él la obligación de emplear dichos recursos, mediante la sabiduría que el Cielo les imparta, para la gloria de su nombre. Cada centavo gastado en la propia complacencia o dado a determinados amigos que lo gastarán para satisfacer el orgullo y el egoísmo, es substraído a la tesorería de Dios. El dinero gastado en atavíos destinados a realzar las apariencias debiera haberse usado para hacer progresar la causa de Dios en lugares nuevos. ¡Oh, que Dios dé a todos un verdadero concepto de lo que significa ser cristiano! Ello significa ser semejante a Cristo, y Cristo no vivió para complacerse a sí mismo. {2JT 473.1}
Nuestras asociaciones dirigen su mirada a nuestras escuelas en busca de obreros educados y bien preparados, por lo que debieran prestar a las escuelas el auxilio más generoso e inteligente. Ha sido dada clara luz en cuanto a que aquellos que ministran en nuestras escuelas enseñando la Palabra de Dios, explicando las Escrituras, educando a los alumnos en las cosas de Dios, deben ser sostenidos con el diezmo. Hace mucho que fué dada esta instrucción y recientemente ha sido repetida vez tras vez. {2JT 473.2}
Dondequiera que haya escuelas establecidas, se han de proporcionar administradores entendidos, “hombres aptos, que teman a Dios, hombres de verdad, que aborrezcan la avaricia,” hombres que harán lo mejor que puedan para cumplir con las responsabilidades diversas de sus puestos. Deben tener aptitud para los negocios; pero de mayor importancia aún es que anden humildemente con Dios y sean guiados por el Espíritu Santo. Hombres tales serán enseñados por Dios y buscarán el consejo de sus hermanos que sean hombres de oración. {2JT 474.1}
Los administradores de nuestras escuelas deben trabajar con móviles puros. En su abnegación recordarán que otras partes del gran campo necesitan las mismas facilidades provistas para la escuela que está a su cargo. En cada plan recordarán que la igualdad y la unidad deben conservarse. Calcularán cuidadosamente los gastos de cualquier empresa y se esforzarán para no absorber tan grande cantidad de dinero, que por tal motivo otros campos misioneros se vean privados de las facilidades indispensables para el buen éxito de la obra. {2JT 474.2}
Demasiado a menudo se han encargado a ministros responsabilidades que de ninguna manera estaban preparados para llevar. Pónganse estas responsabilidades sobre hombres que tengan tacto comercial, hombres que puedan entregarse a los negocios, que puedan visitar las escuelas y tomar nota de la condición financiera y que puedan, además, dar instrucción en cuanto a llevar las cuentas. La obra de la escuela debiera inspeccionarse varias veces al año. Actúen los ministros como consejeros, pero no se les impongan las responsabilidades financieras. {2JT 474.3}
El Señor me ha indicado que hombres entendidos y con aptitud para las finanzas visiten nuestras escuelas en cada país y tomen nota de su situación financiera. Este asunto no debe dejarse a los ministros o a los que forman las comisiones, pues no tienen tiempo para asumir dicha responsabilidad. Los maestros no deben ser cargados con ella. Los asuntos comerciales de las escuelas exigen talentos que no han sido provistos. {2JT 474.4}
Si los dirigentes hubiesen hecho uso de juicio avisado en los años pasados, las desalentadoras condiciones financieras que tanto han estorbado la obra últimamente no habrían podido existir. {2JT 475.1}
Si nuestra obra educacional hubiese sido fomentada de acuerdo con la instrucción dada para nuestra dirección, la negra sombra de pesadas deudas no gravitaría hoy sobre nuestras instituciones. {2JT 475.2}
Finanzas de las escuelas de iglesia
Los mismos principios que, si se siguiesen, acarrearían éxito y bendición a nuestras escuelas preparatorias y superiores, debieran gobernar nuestros planes y trabajo en pro de las escuelas de iglesia. Participen todos en los gastos. Repare la iglesia en que aquellos que deban recibir sus beneficios estén asistiendo a la escuela. Se debe ayudar a las familias pobres. No podemos llamarnos verdaderos misioneros si descuidamos a aquellos que están a nuestras mismas puertas, que se hallan en la edad más crítica y que necesitan nuestra ayuda para obtener el conocimiento y la experiencia que los capacite para el servicio de Dios. {2JT 475.3}
El Señor quiere que se hagan afanosos esfuerzos en la educación de nuestros niños. La verdadera obra misionera hecha por maestros que son enseñados diariamente por Dios, hará conocer a muchas almas la verdad tal cual es en Jesús; y los niños así educados impartirán a otros la luz y el conocimiento recibidos. ¿Darán los miembros de la iglesia recursos para adelantar la causa de Cristo entre los demás y dejarán de paso a sus propios hijos fomentar la obra y el servicio de Satanás? {2JT 475.4}
A medida que se establezcan escuelas de iglesia, el pueblo de Dios recibirá una valiosa educación al aprender a dirigirlas con éxito financiero. Si esto no puede hacerse, ciérrese la escuela hasta que, con la ayuda de Dios, puedan idearse planes para sostenerla sin que pese sobre ella el oprobio de las deudas. Hombres aptos para las finanzas debieran revisar las cuentas una, dos o tres veces al año, para comprobar la verdadera situación de la escuela y ver que no se hagan gastos enormes que produzcan una acumulación de deudas. Debemos esquivar las deudas como esquivaríamos la lepra. {2JT 476.1}
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Muchos de nuestros jóvenes que desean educarse manifiestan demasiada indiferencia en lo que se refiere a verse envueltos en deudas. Contemplan el estudio de los libros como el medio principal de educarse. No reconocen el valor de una educación comercial práctica y se sienten satisfechos con cursar años de estudio a costa de otras personas más bien que abrirse camino por sí mismos. No contemplan con ojo crítico las consecuencias de esto. No estudian partiendo de causa a efecto. {2JT 476.2}
Con frecuencia el resultado de semejante proceder es un desarrollo desequilibrado de las facultades. El alumno no comprende los puntos débiles de su carácter; no se da cuenta de sus deficiencias. Al depender de otros se priva de una experiencia de la vida práctica que le será difícil recuperar. No aprende a depender de sí mismo. No aprende a valerse de la fe. La verdadera fe habilita al alma para elevarse de un estado imperfecto y embrionario y para comprender en qué consiste la verdadera sabiduría. Si los estudiantes desarrollan armoniosamente cerebro, huesos y músculos, estarán mejor capacitados para estudiar y para hacer frente a las realidades de la vida. Pero si siguen sus propias ideas erróneas acerca de aquello que constituye la educación, no llegarán a ser hombres y mujeres cabales y de iniciativa propia. {2JT 476.3}
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