Devocional

El Espíritu Santo es la Fuente de una Vida Abundante

Por 22 febrero, 2019 Sin comentarios

El Espíritu Santo es la Fuente de una Vida Abundante ¿Por qué vino Jesús a esta tierra? Él dice: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10 RVR1995)

Jesús quiere que experimentemos esta vida nueva ahora y que ésta continúe en una dimensión completamente diferente, después de su segunda venida, como vida eterna en el Reino de Dios.

Él nos muestra que la fuente de una vida abundante es el Espíritu Santo:

“…Si alguien tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu…” (Juan 7:37-39 RVR 1995)

“Ríos de agua viva”: ¿no es esa una buena comparación con una vida abundante? ¿Nos dio Jesús un ejemplo semejante mientras as vivió en la Tierra? Sabemos que María concibió a Jesús por medio del Espíritu Santo (Mateo 1:18).

Sabemos que después de su bautismo, Él oró: “y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal como una paloma…” (Lucas 3:22). Bajo estas circunstancias, ¿acaso era necesario e importante que recibiera al Espíritu Santo diariamente? Elena de White dice: “Mañana tras mañana se comunicaba con su Padre Celestial, recibiendo de Él un bautismo diario del Espíritu Santo”. 3

En el libro Hechos de los Apóstoles dice: “Para el obrero consagrado es una maravillosa fuente de consuelo el saber que aun Cristo durante su vida terrenal buscaba a su Padre diariamente en procura de nuevas pro­visiones de gracia necesaria…” 4

Jesús ciertamente fue un ejemplo para nosotros en este sentido. Debemos preguntarnos: Si Jesús mismo necesitaba diariamente revigorizarse con el Espíritu Santo, ¿cuánto más importante será para ti y para mí?

El apóstol Pablo realmente entendió el objetivo de Jesús. En su carta a la iglesia de Éfeso, Pablo confirma en el capítulo 1:13 que habían sido sellados por el Espíritu Santo al convertirse en creyentes. En el capítulo 3:16-17 él les anima a continuar siendo fuertes en el Espíritu y en el capí­tulo 5:18 (RVR 1995) Pablo con su autoridad como apóstol, llama a los Efesios y a nosotros a: “… sed llenos del Espíritu” en otras palabras, “sean llenos y renovados consistente y repetidamente del Espíritu.” 5 Podemos ver que aunque recibamos al Espíritu Santo al ser convertidos, necesitamos ser revigorizados diariamente. Es importante para la vida y el crecimiento espiritual del cristiano el ser llenos diariamente por el Espíritu Santo.

Nuestra Lección de Escuela Sabática dice lo siguiente sobre Efesios 5:18: “¿Qué significa el ‘ser bautizados’ por el Espíritu Santo? Jesús mismo explica esto con un sinónimo. Una persona es ‘bautizada’ por el Espíritu Santo (Hechos 1:5) cuando el Espíritu Santo ‘haya venido sobre’ ella. Esto implica la vida entera de la persona. El bautismo del Espíritu Santo signi­fica estar completamente bajo la influencia del Espíritu Santo; ser completamente ‘llenos’ por Él. No es una experiencia de una sola ocasión, sino algo que debe ser repetido continuamente como lo ilustra Pablo en Efesios 5:18 con el uso del tiempo presente continuo en la palabra griega ‘sean’.” 6 La Despedida de Jesús y el Espíritu Santo En su despedida, las palabras de Jesús expresan gozo y esperanza al decirles que el Espíritu Santo vendría en su lugar. Jesús les dice algo sorprendente en Juan 16:7: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré.”

Una Solución Ventajosa Jesús les dice a sus discípulos algo sorprendente: “os conviene que yo me vaya.” Esto significa que la nueva solución, que su presencia esté con ellos por medio del Espíritu Santo, es más ventajosa en comparación con que Jesús esté personalmente allí con ellos. De esta manera no está limitado, si no que puede estar con cada uno sin importar donde esté. Testimonio de una maestra y uno de sus alumnos: Cuando recibimos el librito “Pasos para un Reavivamiento Personal” de H. Haubeil en mi iglesia hace casi un año, lo leí de una sola vez. Al leerlo pude experimentar más encuentros con Dios de los que había tenido y esto me encantó y me animó. En el apéndice del librito encontré la siguiente sugerencia: “Ciertos estudios pedagógicos han demostrado que es necesario leer o escuchar un tema importante de seis a diez veces para poder entenderlo plenamente.” Estas alentadoras palabras cautivaron mi atención: “Inténtelo por lo menos una vez. Los resultados le convencerán.” Yo quería experimentar eso y al leerlo por tercera vez cautivó mi aten­ción y sentí un gran amor por nuestro Redentor, algo que había anhelado toda mi vida. En dos meses, ya lo había leído seis veces y el resultado valió la pena.

Fue como si pudiera entender lo que sería si Jesús se acercara a noso­tros y pudiéramos ver sus ojos llenos de pureza, bondad y amor. Desde ese momento en adelante, no quise estar sin este gozo por nuestro Salvador.

Al despertarme en la mañana ya anhelaba mi tiempo de devoción matutina para poder experimentar la comunión con Dios y durante el día oraba en silencio para que el Espíritu Santo me ayudara con mis pensamientos al conversar, con mi ejemplo y al enseñar.

Cuando un niño quería llamar mi atención y actuaba mal, Dios me daba la fortaleza y la sabiduría para lidiar con la situación.

Desde entonces mis días de trabajo están llenos de la presencia del Creador. Me ayuda literalmente en cada momento de mi vida diaria.

Desde entonces oro en la mañana y durante el día por el derramamiento del Espíritu Santo. Es como estar más cerca del cielo y ya casi sentir cómo será estar allá.

Al leer el pequeño libro, se me ocurrió que mis estudiantes de la escuela también deberían experimentar esto. Yo enseño a los jóvenes de 10-15 años en la Escuela Adventista Elijah en Vorarlberg, Austria. Entonces comencé a orar para que Dios me diera la oportunidad de compartirlo. Muy pronto tuve una de las experiencias mas maravillosas de cómo el Espíritu Santo puede trabajar en los corazones de los jóvenes. Un Rufián de 13 Años y el Espíritu Santo La experiencia comenzó un año antes de leer el librito del Espíritu Santo. Un nuevo alumno llegó a nuestra escuela y en pocos días nuestro oasis de paz se transformó en un lugar de conflicto. El muchacho tenía 13 años en ese entonces, era el más grande de todos los alumnos y el más fuerte. Muchas cosas que se habían aprendido durante el año escolar y que habían dado maravillosos frutos parecían haber desaparecido en un momento.

Deje que él mismo le cuente: “Cuando yo llegué a la escuela, no tenía idea de lo que me esperaba. En mi segundo día de clases me dejé provo­car por uno de mis compañeros, exploté y comencé una pelea. Lo golpeé aunque era considerablemente más débil que yo, le grité y ya nunca más quería verlo.

Después me di cuenta de mi error y me disculpé igual que siempre. Luego tuve una conversación con el director. En los meses que siguieron comenzó a desarrollarse un proceso en mi vida. Es asombroso saber que ese proceso comenzó hasta ese entonces ya que soy hijo de un pastor. Comencé a pasar más tiempo con Jesús.”

Pensé que este joven necesitaría atención especial. Él reconocía su error, sentía remordimiento y volvía a intentarlo, pero no podía superar sus problemas por sí mismo. Al principio, no había día en que no peleara, pero gradualmente fue mejorando.

Después de seis meses él dijo que pensaba que eran las oraciones lo que lo habían acercado a Dios. Él había comenzado a orar para pedir fortaleza cada mañana. Sus arranques de ira y sus peleas comenzaron a ser menos frecuentes.

Once meses habían pasado desde que llegó a la escuela y podíamos ver aun más mejorías en su comportamiento. Pero su ira, sus gritos soeces y sus puños no siempre estaban bajo control.

Era natural; él había tratado de lograrlo con sus propias fuerzas y entendimiento, lo cual funcionaba a veces pero otras veces no. Nuestras oraciones habían logrado algo, pero su actitud todavía no era la correcta y hacía falta el poder renovador del Espíritu.

¿De qué sirve que una persona reconozca sus errores, intente controlar su temperamento pero luego vuelva a fallar? Justo cuando pensaba que ya no sabía qué más hacer, recibí el librito mencionado anteriormente. Llegó justo a tiempo. Entonces me di cuenta de qué era lo que hacía falta: era el poder del Espíritu Santo. ¡Ni siquiera le habíamos pedido su ayuda!

Ya que yo había sido tocada por el mensaje de “Pasos para un Reavivamiento Personal” me atreví a preguntarle al joven si alguna vez había orado pidiendo por el Espíritu Santo. La respuesta fue negativa, nunca lo había hecho. Entonces intenté despertar su interés en el libro. No se lo di. Yo quería que él realmente lo quisiera. Muy pronto me pidió el libro.

En sus propias palabras: “En Noviembre del 2012 mi maestra me dio el libro “Pasos para un Reavivamiento Personal”. Comencé a leerlo con mucho interés. En ese tiempo yo conocía poco acerca de la obra del Espíritu Santo.”

En menos de un día él ya había devorado casi dos capítulos y luego me preguntó cuántas veces había leído yo el libro. Él inmediatamente comenzó a releer los capítulos y decidió hacerlo exactamente como lo indica el libro: leerlo 6–10 veces.

Muchas cosas cambiaron desde entonces. Desde Diciembre del 2012 dejaron de haber peleas y conflictos; yo casi no lo podía creer. Los muchachos que él había golpeado a diario se volvieron sus amigos y ahora se llevan bien y en armonía.

Él ha cambiado por completo: es amable, servicial y la paz ha vencido su naturaleza agresiva. Sus compañeros pueden confirmar que Dios ha obrado en su vida. Se pueden ver los frutos cada día. Para la gloria de Dios quiero mencionar que el joven decidió ser bautizado en Junio del 2013. Si no fuese por el Espíritu Santo…

Solía pensar que yo tenía la capacidad de manejar a los niños y hacerles entrar en razón. Creía que sólo necesitaba paciencia, atención y muchas conversaciones para lograrlo; pero esto no funcionó a largo plazo. Dios tuvo que intervenir y me enseñó que es su Espíritu quien hace que lo imposible sea posible.

Algún día, si este joven llega al cielo, sabré que Dios lo hizo posible. Cuando casi me di por vencida y finalmente entendí que no podía guiarle, Dios comenzó a trabajar en él. Me anima ver que no hay casos imposibles para Dios. CP

Oración: Padre Celestial, gracias por la invitación urgente de Jesús de rogar por el Espíritu Santo. Lamento las pérdidas que he experimentado por la falta del Espíritu Santo. Necesito ayuda divina para que Jesús crezca en mí. Necesito su ayuda en cada área de mi vida. Te agradezco que el Espíritu Santo puede cambiar mi carácter y hacerme apto para el reino de Dios. Entrego mi vida por completo a ti con todo lo que soy y todo lo que tengo. Gracias por aceptarme y darme tu bendición. Ayúdame a crecer en el conocimiento del Espíritu Santo. Amén.

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