El designio de Dios para nuestros sanatorios

El designio de Dios para nuestros sanatorios

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{2JT 477.1}
Y así lo hicieron. En la prosperidad como en la adversidad, honraron a Dios, y Dios los honró. {2JT 477.2}
Sacado de una mazmorra, siervo de cautivos, donde fué víctima de la ingratitud y de la malicia, José se manifestó fiel al Dios del cielo. Todo Egipto se asombró de la sabiduría del hombre a quien Dios instruyera. Faraón “púsolo por señor de su casa, y por enseñoreador en toda su posesión; para que reprimiera a sus grandes como él quisiese, y a sus ancianos enseñara sabiduría.” Salmos 105:21, 22. No sólo para el reino de Egipto, sino para todas las naciones relacionadas con ese poderoso reino, se manifestó Dios por medio de José. Quiso hacerle portaluz para todos los pueblos, y le colocó en el segundo puesto después del trono, en el mayor imperio del mundo, a fin de que la iluminación celestial pudiese extenderse lejos y cerca. Por su sabiduría y justicia, por la pureza y benevolencia de su vida diaria, por su devoción a los intereses de la gente—y ello a pesar de que era una nación de idólatras,—José fué representante de Cristo. En su benefactor, al que todo Egipto se volvió con gratitud y alabanza, ese pueblo pagano, y por su medio todas las naciones con las cuales estaba relacionado, habían de contemplar el amor de su Creador y Redentor. {2JT 477.3}
Así también en Daniel colocó Dios una luz al lado del trono del mayor reino del mundo, para que todos pudiesen aprender del Dios verdadero y viviente. En la corte de Babilonia se hallaban reunidos representantes de todos los países, hombres dotados de los más selectos talentos y de abundantes dones naturales, hombres que poseían la más alta cultura que pudiese otorgar este mundo; sin embargo, en medio de todos ellos los cautivos hebreos eran sin par. En fuerza y belleza física, en vigor mental y progreso literario, y en fuerza y percepción espirituales, no tenían rivales. “Y en todo negocio de sabiduría e inteligencia que el rey les demandó, hallólos diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.” Daniel 1:20. Aunque era fiel a sus deberes en la corte del rey, Daniel se mantuvo tan leal a Dios que él pudo honrarle como su mensajero ante el monarca babilónico. Por su medio, los misterios de lo futuro fueron revelados, y Nabucodonosor mismo se vió obligado a reconocer al Dios de Daniel como “Dios de dioses, y el Señor de los reyes, y el descubridor de los misterios.” Daniel 2:47{2JT 478.1}
Así también las instituciones establecidas por el pueblo de Dios hoy han de glorificar su nombre. La única manera en que podemos cumplir su expectativa es siendo representantes de la verdad para este tiempo. Dios ha de ser reconocido en las instituciones establecidas por los adventistas del séptimo día. Por su medio la verdad para este tiempo ha de ser representada ante el mundo con poder convincente. {2JT 478.2}
Hemos de representar el carácter de Dios
Somos llamados a representar ante el mundo el carácter de Dios tal como fué revelado a Moisés. En respuesta a la oración de Moisés: “Ruégote que me muestres tu gloria,” el Señor prometió: “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro.” “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado.” Éxodo 33:18, 1934:6, 7. Tal es el fruto que Dios desea de su pueblo. Por la pureza de su carácter y la santidad de su vida, por su misericordia y amor compasivo, han de demostrar que la “ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma.” Salmos 19:7{2JT 478.3}
El propósito de Dios para sus instituciones hoy puede leerse también en el propósito que trató de realizar mediante la nación judía. Quería impartir ricas bendiciones a todos los pueblos por medio de Israel. Así quería preparar el camino para la difusión de su luz en el mundo entero. Al seguir costumbres corruptas, las naciones del mundo habían perdido el conocimiento de Dios. Sin embargo, en su misericordia Dios no quería raerlas de la existencia. Se proponía darles oportunidad de conocerle por medio de su iglesia. Quería que los principios revelados por su pueblo fuesen el medio de restaurar en el hombre la imagen moral de Dios. {2JT 479.1}
Cristo era su instructor. Así como los acompañó en el desierto y mientras se establecían en la tierra prometida, iba a ser su Maestro y Guía. En el tabernáculo y el templo, su gloria moraba en una santa manifestación sobre el propiciatorio. Manifestaba constantemente en su favor las riquezas de su amor y paciencia. {2JT 479.2}
Dios deseaba hacer de su pueblo Israel una alabanza y una gloria. Le dió toda ventaja espiritual. No privó a sus hijos de nada que favoreciese la formación del carácter que los haría representantes suyos. {2JT 479.3}
La obediencia a las leyes de Dios iba a hacer de ellos maravillas de prosperidad entre las naciones del mundo. El que podía darles sabiduría y habilidad en todo trabajo y arte, continuaría siendo su Maestro, y los ennoblecería y elevaría por medio de la obediencia a sus leyes. Si eran obedientes, los preservaría de las enfermedades que afligían a otras naciones, y serían bendecidos con vigor intelectual. La gloria de Dios, su majestad y poder, habían de revelarse en toda su prosperidad. Habían de ser un reino de sacerdotes y príncipes. El Señor les proporcionó toda facilidad para que llegasen a ser la mayor nación de la tierra. {2JT 479.4}
De la manera más definida, les presentó su propósito por medio de Moisés y les dió a conocer los términos de su prosperidad. “Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios—dijo:—Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra…. Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta las mil generaciones…. Y será que, por haber oído estos derechos, y guardado y puéstolos por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres; y te amará, y te bendecirá, y te multiplicará…. Bendito serás más que todos los pueblos.” Deuteronomio 7:6-14{2JT 480.1}
“A Jehová has ensalzado hoy para que te sea por Dios, y para andar en sus caminos, y para guardar sus estatutos y sus mandamientos y sus derechos, y para oír su voz: y Jehová te ha ensalzado hoy para que le seas su peculiar pueblo, como él te lo ha dicho, y para que guardes todos sus mandamientos; y para ponerte alto sobre todas las gentes que hizo, para loor, y fama, y gloria; y para que seas pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho.” Deuteronomio 26:17-19{2JT 480.2}
Fundados en los principios bíblicos
En estas palabras, se presentan las condiciones de toda verdadera prosperidad, condiciones con las cuales deben conformarse todas nuestras instituciones, si cumplen el propósito con que fueron establecidas. {2JT 480.3}
El Señor me dió, años ha, luz especial acerca del establecimiento de una institución donde los enfermos pudiesen ser tratados de manera completamente diferente de las seguidas en cualquier otra institución de nuestro mundo. Debía fundarse y dirigirse según los principios bíblicos, como instrumento del Señor, y debía ser en sus manos uno de los agentes más eficaces para dar luz al mundo. El propósito de Dios era que se destacase en capacidad científica, poder moral y espiritual, como fiel centinela de la reforma en todos sus aspectos. Todos los que desempeñaran una parte en ella, debían ser reformadores, que respetasen sus principios, y prestasen atención a la luz de la reforma pro salud que resplandece sobre nosotros como pueblo. {2JT 480.4}
Dios quiso que la institución que se estableciera se destacase como faro de luz, amonestación y reproche. Quería probar al mundo que una institución guiada por principios religiosos y que ofrecía asilo a los enfermos, podía sostenerse sin sacrificar su carácter peculiar y santo; que podía ser mantenida exenta de toda fase censurable hallada en otras instituciones dedicadas a la recuperación de la salud. Había de ser un instrumento para producir grandes reformas. {2JT 481.1}
El Señor reveló que la prosperidad del sanatorio no debía depender sólo del conocimiento y la habilidad de sus médicos, sino del favor de Dios. Debía ser reconocido como institución donde se consideraba a Dios como Monarca del universo, una institución que estaba bajo su vigilancia especial. Sus directores debían dar a Dios el primer lugar, el último y el mejor en todo. En esto debía consistir su fuerza. Si se la dirigía de una manera que Dios pudiese aprobar, tendría gran éxito, se destacaría por estar más adelantada que todas las instituciones semejantes que hubiera en el mundo. Se le concederían privilegios superiores, mucha luz y conocimiento. De acuerdo con la luz recibida, sería la responsabilidad de aquellos a quienes fuese confiada la dirección de la institución. {2JT 481.2}
A medida que nuestra obra se ha extendido y se han multiplicado las instituciones, ha continuado siendo el mismo el propósito que Dios tuvo al establecerlas. No han cambiado las condiciones impuestas para que prosperasen. {2JT 481.3}
La familia humana está sufriendo por causa de la transgresión de las leyes de Dios. El Señor desea que los hombres sean inducidos a comprender la causa de sus padecimientos y la única manera de hallar alivio. Desea hacerles ver que el bienestar físico, mental y moral depende de la obediencia a su ley y se propone que nuestras instituciones sean lecciones objetivas de los resultados de la obediencia a los buenos principios. {2JT 481.4}
Han de promulgar los principios de la salud
En la preparación de un pueblo para la segunda venida del Señor, se ha de realizar una gran obra por medio de la promulgación de los principios favorables a la salud. Debe instruirse a la gente acerca de las necesidades del organismo físico y el valor de la vida sana según se enseña en las Escrituras, a fin de que los cuerpos que Dios creó puedan serle presentados como sacrificios vivos, idóneos para rendirle un servicio aceptable. Hay una gran obra que hacer en favor de la humanidad doliente en cuanto a aliviar sus sufrimientos por el empleo de los agentes naturales que Dios ha provisto, y en cuanto a enseñarle a evitar las enfermedades por el control de los apetitos y pasiones. Debe enseñarse a la gente que la transgresión de las leyes de la naturaleza es transgresión de las leyes de Dios. Tanto en las cosas físicas como en las espirituales, debe enseñársele la verdad de que “el temor de Jehová es para vida.” Proverbios 19:23. “Si quieres entrar en la vida—dijo Cristo,—guarda los mandamientos.” Mateo 19:17. Cuida de vivir mi ley “como las niñas de tus ojos.” Proverbios 7:2. Cuando se obedecen las órdenes de Dios, son “vida a los que las hallan, y medicina a toda su carne.” Proverbios 4:22{2JT 482.1}
Nuestros sanatorios han de ser una fuerza educativa para enseñar a la gente estas cosas. Aquellos que reciben instrucción pueden a su vez impartir a otros el conocimiento de los principios que devuelven la salud y la conservan. Así deben ser nuestros sanatorios instrumentos para alcanzar a la gente, agentes que les muestren el mal que produce el desprecio de las leyes de la vida y la salud, y que les enseñen a mantener el cuerpo en la mejor condición. Deben establecerse sanatorios en diferentes países, donde trabajan nuestros misioneros, para que sean centros desde los cuales se lleve a cabo una obra de sanidad, restauración y educación. {2JT 482.2}
Contribuyen a ganar almas
Debemos trabajar tanto por la salud del cuerpo como por la salvación del alma. Nuestra misión es la misma que la de nuestro Maestro, de quien está escrito que anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos de Satanás. Acerca de su propia obra él dice: “El espíritu del Señor Jehová es sobre mí, porque me ungió Jehová; hame enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos.” “Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados.” Isaías 61:1Lucas 4:18. Mientras sigamos el ejemplo de Cristo en el trabajo para beneficiar a los demás, despertaremos su interés en el Dios a quien amamos y servimos. {2JT 483.1}
Nuestros sanatorios han de ser, en todos sus departamentos, monumentos para Dios, instrumentos suyos para sembrar las semillas de la verdad en los corazones humanos. Lo lograrán si son debidamente dirigidos. {2JT 483.2}
En nuestras instituciones médicas, debe darse a conocer la verdad viviente de Dios. Muchas de las personas que llegan a ellas tienen hambre y sed de verdad, y cuando les es presentada correctamente, la reciben con alegría. Nuestros sanatorios han sido el medio de enaltecer la verdad para este tiempo y presentarla a millares de personas. La influencia religiosa que reina en esas instituciones inspira confianza a los huéspedes. La seguridad de que el Señor preside allí, y las muchas oraciones ofrecidas en favor de los enfermos, hacen una impresión en su corazón. Muchos que nunca pensaban antes en el valor del alma quedan convencidos por el Espíritu de Dios, y no pocos son inducidos a cambiar todo el curso de su vida. En muchos que estaban satisfechos de sí mismos, que pensaban que su norma de carácter era suficiente y no habían sentido la necesidad de la justicia de Cristo, se harán impresiones que nunca se borrarán. Cuando llegue la prueba futura, cuando sean iluminados, no pocos de éstos se unirán con el pueblo remanente de Dios. {2JT 483.3}
Dios es honrado por instituciones dirigidas de esta manera. En su misericordia, ha hecho de los sanatorios un poder tal para el alivio de los sufrimientos físicos, que millares han sido atraídos a ellos para ser curados de sus enfermedades. Y en muchos, la sanidad física va acompañada de la curación del alma. Reciben del Salvador el perdón de sus pecados. Reciben la gracia de Cristo, y se identifican con él, con sus intereses y su honor. Muchos salen de nuestros sanatorios con corazones nuevos. El cambio es decidido. Volviendo a sus hogares, son como luces en el mundo. El Señor los hace testigos suyos. Su testimonio es: “He visto su grandeza, he probado su bondad. ‘Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma.’” Salmos 66:16{2JT 484.1}
Así, por medio de la mano prosperadora de nuestro Dios sobre ellos, nuestros sanatorios han sido el medio de lograr mucho bien. Y han de elevarse aún más alto. Dios obrará con el pueblo que le honre. {2JT 484.2}
Maravillosa es la obra que Dios quiere realizar por medio de sus siervos, a fin de que su nombre sea glorificado. Dios hizo de José una fuente de vida para la nación egipcia. Por medio de José, le conservó la vida a todo el pueblo. Por medio de Daniel, Dios salvó la vida de todos los sabios de Babilonia. Y estas liberaciones fueron lecciones objetivas; ilustraron ante el pueblo las bendiciones espirituales que le eran ofrecidas por la relación con el Dios a quien adoraban José y Daniel. Así también desea Dios impartir hoy por medio de su pueblo, bendiciones al mundo. {2JT 484.3}
Cada obrero en cuyo corazón habita Cristo, todo aquel que quiere revelar su amor al mundo, es colaborador con Dios para beneficiar a la humanidad. Mientras recibe del Salvador gracia para impartirla a otros, fluye de su ser entero la oleada de vida espiritual. Cristo vino como el gran Médico, para sanar las heridas que el pecado había hecho en la familia humana, y su Espíritu, obrando por medio de sus siervos, imparte a los enfermos del pecado, a los dolientes seres humanos, un intenso poder curativo, eficaz para el cuerpo y el alma. “En aquel tiempo—dice la Escritura—habrá manantial abierto para la casa de David y para los moradores de Jerusalén, para el pecado y la inmundicia.” Zacarías 13:1. Las aguas de este manantial sanarán las debilidades físicas y espirituales. {2JT 484.4}
Desde este manantial fluye el caudaloso río que vió Ezequiel en visión. “Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán a la llanura, y entrarán en la mar: y entradas en la mar, recibirán sanidad las aguas. Y será que toda alma viviente que nadare por donde quiera que entraren estos dos arroyos, vivirá…. Y junto al arroyo, en su ribera de una parte y de otra, crecerá todo árbol de comer: su hoja nunca caerá, ni faltará su fruto: a sus meses madurará, porque sus aguas salen del santuario: y su fruto será para comer, y su hoja para medicina.” Ezequiel 47:8-12{2JT 485.1}
Dios quiere que nuestros sanatorios sean, en virtud de su poder, un río tal de vida y curación. {2JT 485.2}
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Nuestros sanatorios han de revelar al mundo la benevolencia del cielo; y aunque no se discierna en el edificio la presencia visible de Cristo, los obreros pueden aferrarse a la promesa: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Mateo 28:20{2JT 485.3}
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