Devocional

El colportor es obrero evangélico

Por 11 enero, 2019 Sin comentarios
El colportor inteligente, que teme a Dios y ama la verdad, debe ser respetado, porque ocupa una posición igual a la del ministro evangélico. Muchos de nuestros ministros jóvenes y los que se están preparando para el ministerio harían, si estuviesen verdaderamente convertidos, mucho bien trabajando en el colportaje. Al encontrarse con la gente y presentarle nuestras publicaciones, adquirirían una experiencia que no pueden obtener por la simple predicación. Mientras fueran de casa en casa, conversando con la gente, llevarían consigo la fragancia de Cristo. Al esforzarse por bendecir a otros, serían ellos mismos bendecidos; obtendrían experiencia en la fe; aumentarían grandemente su conocimiento de las Escrituras; y aprenderían constantemente a ganar almas para Cristo. {2JT 540.1}
Todos nuestros ministros deben considerar conveniente llevar consigo libros y colocarlos dondequiera que vayan. Dondequiera que vaya un ministro, puede dejar un libro con la familia donde se hospeda, vendiéndolo o regalándolo. Esto se hacía mucho en los comienzos del mensaje. Los ministros actuaban como colportores y los recursos que obtenían en la venta de los libros se usaban para fomentar el progreso de la obra en lugares donde se necesitaba ayuda. Ellos pueden hablar con inteligencia de este método de trabajo, porque han tenido experiencia en él. {2JT 540.2}
Nadie piense que empequeñece el Evangelio al dedicarse al colportaje como medio de comunicar la verdad a la gente. Al hacer esta obra trabaja como trabajó el apóstol Pablo, quien dice: “Vosotros sabéis cómo, desde el primer día que entré en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los Judíos: cómo nada que fuese útil he rehuído de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a los Judíos y a los Gentiles arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo.” Hechos 20:18-21. El elocuente Pablo, a quien Dios se manifestó de manera admirable, iba de casa en casa con toda humildad y con muchas lágrimas y tentaciones. {2JT 540.3}
El colportaje es verdadero ministerio
Todos los que deseen tener una oportunidad de ejercer un verdadero ministerio, y que quieran entregarse sin reserva a Dios, hallarán en el colportaje oportunidades de hablar de las muchas cosas concernientes a la vida futura e inmortal. La experiencia así ganada será del mayor valor para los que se están preparando para el ministerio. Es el acompañamiento del Espíritu Santo de Dios lo que prepara a los obreros, sean hombres o mujeres, para apacentar la grey de Dios. Mientras alberguen el pensamiento de que Cristo es su compañero, sentirán una reverencia santa, un gozo sagrado en medio de los incidentes penosos y de todas las pruebas. Aprenderán a orar mientras trabajen. Serán educados en la paciencia, la bondad, la afabilidad y el espíritu servicial. Practicarán la verdadera cortesía cristiana, recordando que Cristo, su Compañero, no puede aprobar las palabras duras ni los sentimientos adustos. Sus palabras serán purificadas. Considerarán la facultad del habla como talento precioso, que les ha sido prestado para hacer una obra elevada y santa. El agente humano aprenderá a representar al Compañero divino con el cual está asociado. Manifestará respeto y reverencia hacia este Ser santo e invisible, porque lleva su yugo y aprende sus modales puros y santos. Los que tienen fe en este Acompañante divino se desarrollarán. Serán dotados de poder para revestir el mensaje de verdad con una belleza sagrada. {2JT 541.1}
Hay quienes se prestan para la obra del colportaje, y pueden realizar más en este ramo que por la predicación. Si el Espíritu de Cristo mora en su corazón, hallarán oportunidad de presentar su Palabra a otros, y de dirigir las mentes a las verdades especiales para este tiempo. A veces emprenden este trabajo ciertos hombres adecuados para él; pero algún ministro poco juicioso los halaga diciéndoles que sus dones debieran dedicarse a la predicación en lugar de la obra del colportaje. Los inducen así a obtener una licencia para predicar, y los mismos que podrían haberse preparado para ser buenos misioneros que visitasen las familias en sus casas, conversasen y orasen con ellas, son desviados de una obra para la cual son idóneos, resultan en ministros mediocres, y queda descuidado el campo donde tanto se necesita trabajar y donde tanto bien se podría hacer. {2JT 541.2}
En los hogares de la gente
La predicación de la Palabra es un medio por el cual el Señor ordenó que se dé al mundo su mensaje de amonestación. En las Escrituras se representa al maestro fiel como pastor de la grey de Dios. Se le ha de respetar, y su obra debe ser apreciada. La verdadera obra misionera médica está vinculada con el ministerio, y el colportaje ha de ser parte tanto de la obra misionera médica como del ministerio. A los que se dedican a esta obra quiero decir: “Mientras visitáis a la gente decidle que trabajáis por la difusión del Evangelio, y que amáis al Señor.” {2JT 542.1}
“No procuréis alojaros en un hotel; permaneced más bien en una casa particular, y llegad a conocer la familia. Cristo sembraba las semillas de la verdad dondequiera que estuviese, y como seguidores suyos podéis testificar por el Maestro y hacer una obra preciosísima en los hogares. Al acercaros así a la gente, hallaréis con frecuencia enfermos y desalentados. Si os mantenéis cerca de Cristo y lleváis su yugo, aprenderéis diariamente de él a comunicar mensajes de paz y consuelo a los entristecidos y desilusionados, a los de corazón triste y quebrantado. Podréis conducir a los desalentados a la Palabra de Dios, y llevar a los enfermos al Señor en oración. Mientras oráis, hablad a Cristo como hablaríais a un amigo de confianza y muy amado. Mantened una dulce, libre y agradable dignidad, como hijos de Dios. Esto será reconocido.” {2JT 542.2}
Los colportores deben poder dar instrucciones en lo que se refiere a tratar a los enfermos. Deben familiarizarse con los métodos sencillos de dar tratamientos higiénicos. Así podrán trabajar como misioneros médicos y atender las almas y los cuerpos de los dolientes. Esta obra debiera estar realizándose en todas partes del mundo. Así muchísimos podrían recibir las bendiciones de las oraciones e instrucciones de los siervos de Dios. {2JT 543.1}
Con tacto, han de ganar almas
Necesitamos comprender la importancia del colportaje como gran medio de hallar a los que están en peligro, y de llevarlos a Cristo. Nunca debe prohibirse a los colportores que hablen del amor de Cristo, que relaten lo que han experimentado al servir a su Maestro. Deben quedar libres para hablar u orar por los que se han despertado. La sencilla historia del amor de Cristo hacia el hombre les abrirá las puertas, aun en las casas de los incrédulos. {2JT 543.2}
Mientras el colportor visita a la gente en sus hogares, tendrá a menudo oportunidad de leerles pasajes de la Biblia o de los libros que enseñan la verdad. Cuando descubre personas que están buscando la verdad, puede celebrar estudios bíblicos con ellas. Estos estudios bíblicos son precisamente lo que la gente necesita. Dios empleará en su servicio a aquellos que manifiesten así profundo interés en las almas que perecen. Por su intermedio impartirá luz a aquellos que están dispuestos a recibir instrucción. {2JT 543.3}
Algunos de los que trabajan en el colportaje tienen un celo que no está de acuerdo con el conocimiento. Debido a su falta de sabiduría, debido a que han estado tan inclinados a actuar como ministros y teólogos, ha sido casi necesario imponer restricciones a nuestros colportores. Cuando la voz del Señor pregunta: “¿A quién enviaré, y quién nos irá?” el Espíritu divino induce a los corazones a responder: “Heme aquí, envíame a mí.” Isaías 6:8">Isaías 6:8. Pero recordemos que primero debe tocar nuestros labios el carbón vivo del altar. Entonces, las palabras que hablemos serán sabias y santas. Entonces tendremos prudencia para saber lo que debe decirse y lo que debe callarse. No procuraremos revelar nuestra capacidad como teólogos. Tendremos cuidado de no despertar un espíritu combativo ni excitar los prejuicios al introducir puntos de doctrina controvertidos. Hallaremos bastante que decir que no excite oposición, cosas que abrirán el corazón para que desee un conocimiento más profundo de la Palabra de Dios. {2JT 543.4}
El Señor desea que ganéis almas; por lo tanto, aunque no debéis imponer a la gente el estudio de las doctrinas, debéis estar “siempre aparejados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” 1 Pedro 3:15">1 Pedro 3:15. ¿Qué habéis de temer? Temed que vuestras palabras tengan un sabor de importancia propia, no sea que habléis en forma imprudente, que vuestras palabras y maneras no concuerden con la semejanza de Cristo. Relacionaos firmemente con Cristo, y presentad la verdad tal cual es en él. No pueden menos los corazones que ser conmovidos por la historia de la expiación. Si aprendéis a ser mansos y humildes como Cristo, sabréis qué decir a la gente; porque el Espíritu Santo os enseñará las palabras que habréis de hablar. Los que comprenden la necesidad que hay de mantener el corazón bajo el dominio del Espíritu Santo, se verán capacitados para sembrar una semilla que brotará para vida eterna. Tal es la obra del colportor evangélico. {2JT 544.1}